Paul McCartney está sentado en el living de su mansión en los alrededores de Londres descansando de una gira. Está recostado en el Luis XXX, los dos pies en la butaquita con flecos mirando un concierto de Led Zeppelin.
Se aburre, se rasca el higo.
Cambia a Discovery, un programa sobre la vida de los puffins, esos pájaros de las Hébridas que parecen pingüinos que vuelan.
De pronto se abren las dos hojas de una puerta tapizada en dorado y verde y aparece una mujer, que lo mira seria, sin expresión y que se va por donde vuelve y sin darse vuelta, ahora sí, con fastidio. Está buena la vieja, se mantiene.
Paul McCartney se sigue rascando el higo, después se huele los dedos, se levanta y mira por la bow window. Es la tarde avanzada, hay claridad, porque el sol está en el cielo, pero tapado por las nubes negras y bajas, como borrones.
Se posa un cuervo en la chimenea de una casa al fondo del paisaje. El césped verde, casi azul, se pierde a la distancia y termina contra el bosque tupido. Entonces, no sabemos por qué, algo lo inquieta a Paul, parece ver algo inusual a lo lejos.
Se queda un rato quieto con la mirada en ese punto. Luego se va tranquilizando como si eso no revistiera importancia.
Camina unos pasos, abre una puerta chica y avanza por un corredor ancho y bajo. Baja una escalera del mismo ancho que desemboca en una puerta gigante y acolchada, la empuja y entra a una monumental sala de estudio, sala de grabación, etc.
En una pared iluminada están las 27 guitarras de distintos tamaños y colores y, obviamente, distintos sonidos. Agarra una. El panel de los 38 bajos está apagado.
En el momento en que retira la guitarra del pedestal se apaga la dicroica correspondiente y al panel de guitarras le queda una mancha oscura y alargada, abajo a la derecha.
Se sienta en el taburete bajo, baja el micrófono a la altura de las cuerdas, se pone los auriculares y acomoda el otro micrófono pegado a la boca.
Hace una seña y una silueta, atrás de unos vidrios, levanta los pulgares. Paul Mc Cartney empieza a cantar yesterday, all my troubles seemed so far away...
Se interrumpe.
¿Qué pasó? pregunta por el micrófono
El operador le dice que cuando dice away parece que dijera Hawaii, que suena mal.
Gracias, dice Paul y empieza de nuevo.
Pero cuando llega a la parte donde dice there’s a shadow hanging over me... hace un gallo y se le quiebra la voz. Entonces apoya la frente en el canto de la guitarra y se queda en silencio, en ese silencio inconmensurable de los estudios de grabación.
El operador se va reclinando en la silla y cuando llega al respaldo se pone a responder, en la oscuridad, mensajes en su blackberry de plata. Después retoma el tube porno que estaba viendo antes de la llegada de Paul.
Paul ya se ha levantado y ya está caminando fuera del estudio mientras va diciendo en voz alta, moviendo la cabeza:
Oh I’m sorry Ed, I’m so sorry
Ed no contesta y después que comprueba que Paul no volverá, apaga y desconecta todo.
Antes de agarrar el saco, se cuadra, hace una venia y dice:
You are too honest for such funny games...
Lo dice imitando la voz de Benny Hill en aquel personaje con la gorra hasta las cejas y la lengua para afuera que hacía la venia.
Paul sube la escalera y cuando llega arriba se ha olvidado de todo, como se olvida uno de un sueño al despertar.
Vuelve al living y vuelve a sentarse en el Luis XXX, vuelve a poner los pies en el banquito y vuelve a agarrar el control.
Pero antes de apretar nada se abre la puerta doble, tapizada de verde y dorado, y en lugar de entrar la veterana entra una pendeja, igualita a la vieja pero pendeja, seguramente la hija. Viene mirando su blackberry rubí con incrustaciones de estrellas de diamantes.
Le dice que tiene mensajes nuevos. Son los mensajes que dejó pasar su implacable filtro de productora ejecutiva. La productora de Paul McCartney es conocida en el business como PP (Paul’s Pussycat)
PP le lee:
La hija de Harrison que volvió a insistir, que la tercera llama al abogado.
La asociación de ufólogos de Inglaterra que le agradece la última donación.
Enésimo mensaje de PID.
PID es la organización conocida como Paul is Dead, que desde hace décadas lleva adelante una movilización para desenmascarar al impostor que suplanta a Paul Mc Cartney, ya que el verdadero Paul murió hace también décadas. Como siempre, son sólo insultos, pero PP se los lee porque Paul le dijo que siempre le pasara los mensajes de PID.
El útimo es de Yoko. Dice que No more lonely nights es un plagio de Imagine. Que te va cagar de verde por boludo.
¿Qué pasó con Ringo? Le dice Paul
Sí, le dice PP, bueno no, de nuevo dijo que no, que no puede, que capaz que el año que viene. Y levanta los hombros y suspira y gira y se va moviendo el culo y ondulando su preciosa cola de leoparda.
Paul también suspira y se pone a mirar por la bow window. Pero de pronto algo lo inquieta de nuevo, lo mismo que la vez pasada. Ahora se convence de que eso no es normal, porque en un momento abre el ventanal que da al jardín y sale corriendo mientras se escuchan los gritos perderse a lo lejos: “Stop, please, stop!!!”