Sunday, April 17, 2011

cargado






cuando mató a su madre, se alivió.
la cabeza cargada hacía años, quizás 30, aflojó.
esperó ahí, sin llorar, mirando la vitrina, la cachilita hecha de hilos de plata entrelazados, una exquisitez, con una piedra roja en el frente, en el radiador.
seguramente tenía un revolver, pesado, opaco, lindo.
porque era un tipo de buena familia, casi ricos o ricos en otra época
no la del reproche
pero la mató con una pequeña pieza de mármol blanco,
neoclásica, bella, de dos ninfas desnudas, entrelazadas,
a lo mejor formaba parte de la base de una lámpara nuvó,
de esas que van en las mesitas de los ventanales que están contra la rambla,
-también las he visto en casas del Prado
(en bronce o un material negro, una piedra, por lo fría)
y en estancias de cierto progresismo empresarial.

le abrió al policía él mismo,
no llamó al abogado de la familia ni a nadie,
la escena con la estatuita blanca salpicada
y el pelo rubio, armado, de peluquería de ayer
tan manchado, y los sillones cubiertos, era de una frescura inmaculada
miró el cuadro pintado por el bisabuelo
la puerta de la ciudadela de adentro
y afuera la campiña bien verde,
eso era lo que parecía, pintado con colores muy fuertes.
miró cierta escultura pequeña de cristal de unos querubines,
voluptuosos como las aguas del río salpicadas por los niños
jugando con la mamá rubia, muy joven,
allá en una estancia lejana.
las aguas turbulentas terminaron adentro del patrullero
mirando las luces de la rambla
las caras de los vecinos, alucinados
y en el oscuro río, apenas hilos claros de espuma y movimiento.

Tuesday, April 12, 2011

las cosas y su nombre

yo tengo ganas de que vean esto

es imponente


porque las cosas son mas sencillas

o sin tanta apariencia

y algún futuro se desliza

como debe.

Friday, April 8, 2011

5. Banquete con muertos conocidos

Descendimos momentáneamente en tierra de nadie en el lugar de una elipse inmensa recortada en el césped. Cruzarla de un lado al otro llevaba dos noches durmiendo a la intemperie. En uno de sus focos había una mesa servida con sillas blancas, mantel blanco y platos blancos flanqueados por cubiertos blancos y dos copas amarillas. Los platos eran reproducciones exactas de Simone.
El sol mantenía caliente la carne roja y sangrante cuando de pronto se acercó caminando una fila india de invitados muy amables, que eran todos los muertos que había conocido alguna vez en mi breve vida de clon rojo: margarita, roberto, morena, el doctor II y otros más que les recuerdo la cara pero no el nombre. Se veían tan felices, tan vivos. Ellos, a su vez, iban en otro viaje, simétrico al nuestro, pero en un plato negro, aterrizado en el otro foco de la elipse. Habían terminado su banquete negro y venían a saludarnos.
Finalizado el nuestro, aplaudimos al asador invisible, cruzamos los cubiertos, nos levantamos todos al mismo tiempo y marchamos a la nave. Los muertos se quedaron ahí parados en silencio sin perder la sonrisa y sólo marcharon a su nave negra después de que nosotros avanzamos a la nuestra.
El gigante marchaba tocando una tonada de despedida a pedido de los muertos (que la habrán escuchado cada vez más lejana), mis gemelas caminaban sin pensamiento tomadas de la mano, el capitán cavilaba como siempre mirándose alternativamente la punta del zapato derecho e izquierdo y yo trataba de sacarme un cacho de carne entre dos muelas mientras distinguía, en el cenit, un inusual rayo fosfórico.
Ya en el aire, seguimos rumbo a Catedral y los muertos rumbo a una noche de playas que hubieran querido conocer a la luz del día de no haber muerto antes. Estaban contentos porque aprovechaban cada segundo sin el temor de morir.
Antes de partir, bebimos abundantemente de esferas de agua flotantes y grandes como sandías. Luego nos sentamos a contemplar abajo el zigzag de unos monos azules que abandonaron la espesura de los bordes atraídos por el resplandor de la vajilla, donde no se distinguía reflejo ni superficie.

Monday, April 4, 2011

4. Catedral

Catedral reúne todos los secretos de la creación de las cosas y sólo puede ser vista desde adentro. Por eso es imposible sacar fotos del pórtico de entrada, porque no tiene afuera. Adentro está el orden universal antes de la invención del espejo por lo cual, se especula, no fue construida como representación de nada sino como celebración a ciegas de la arquitectura sin magnetismo, como exploración de las posibilidades escultóricas de la oscuridad.
Toda su formación es resultado de movimientos geológicos, aunque es posible rastrear las civilizaciones sucesivas en una sola columna. La altura de la construcción es indeterminada, así como su profundidad, porque se entierra en el planeta hasta acercarse por momentos a las constituciones más blandas.
La existencia de Catedral fue detectada por primera vez por una expedición de científicos andromédicos que llegaron provistos solamente de sus ropas, sus naves y un mazo de baraja. Pudieron determinar el lugar: un triángulo de 500 metros de lado en la última isla del Archipiélago Boráxico, unas islas altas como cilindros que comenzarían en una costa y se perderían en el océano, como un pasaje de piedras sobre el agua para un gigante que busca mujeres gigantes después de un horizonte en llamas.
De esa primera expedición sólo se conserva una mujer, descendiente semidirecta y vieja de labios gruesos, que habría hecho gozar a quienes la conocieron con sólo mirarla. Su mirada paralizaba la fotosíntesis. Daguerrotipos la recuerdan con una mancha chorreante encima suyo, como un estigma atmosférico.
Catedral fue, durante mucho tiempo, objeto de artículos esotéricos, luego turísticos, luego políticos y ese fue el fin. Desapareció del conocimiento público, entonces reducido al pronóstico del tiempo para la media hora siguiente y al precio oscilante de los paraguas.
La isla es una de las tantas entradas a Catedral. Se la reconoce por un jardín de violetas en forma de cruz con círculos de musgo verde en los cuadrantes. La ubicación de la entrada a la catedral en el escudo vegetal no es clara. Pero se vaticina que la luna se acercará hasta el archipiélago y tanta será la fuerza de atracción que se abrirá una compuerta en alguna parte. El peregrino del futuro podrá reptar entre la tierra y su satélite, sometido, como es de suponer, a inconcebibles fuerzas magnéticas.
Ya adentro, una escalera de caracol tallada llevará, en el lapso de tres meses, al gran hall de entrada. Entrar allí representa una de las mayores realizaciones a la que puede aspirar cualquier criatura. Adentro no es necesario recordar ni prever nada, ni siquiera percibir el mundo alrededor, pues cada uno está en permanente estado de iluminación con sólo tocar la piedra. Al mismo tiempo, cada uno se transforma en una reproducción del universo, como un ser hueco y vacío que no necesita sino de constelaciones y galaxias ocupando la bóveda de la mente y las cúpulas de sus talentos artísticos. Esto es todo lo que se sabe.

Friday, April 1, 2011

3. Reencuentro con el gigante

Durante un mes, subí la fina escalera hasta el reflejo. Grande fue la sorpresa de encontrarme con un señor regando las rosas de su jardín despeinado. Me aconsejó, a boca de jarro, no guiar mis pensamientos por las vías literarias convencionales. No supe qué decir.

Advirtiendo mi estupefacción, el señor me invitó a su casa, medio enterrada a unas cuadras, como si temiera caerse contra la ciudad de abajo. Pero no, el reflejo tenía gravedad.

Este señor, que se presentó como Sr. Saulo, me contó que tenía ochenta y cinco hijos, todos saludables y con más de veinte profesiones cada uno, de las cuales ejercían sólo quince, no por falta de tiempo sino porque el resto no tenía ninguna utilidad. Su mujer, Sra. Saulo, se dedicaba también al cultivo de rosas y ella misma era una.
La conversación iba y venía entre viejos conocidos, lugares comunes y marcas de cerveza ya desaparecidas cuando veo, entre las cortinas festoneadas de la cocina, que venía caminando el gigante por la calle. No lo veía desde el episodio del desfile cuando desapareció en el horizonte tras las dos bellas muchachotas.
No lo podía creer, tantas bellas coincidencias esa mañana. ¡Era el mismo día de la fraternidad universal! No pude menos que sacar la cabeza por la ventana y pegarle el grito. Al gigante se le llenaron los ojos de lágrimas.

Saulo lo hizo pasar y seguimos conversando durante varios días, de las muchachas, de las ballenas, de mis gemelas, de la desaparición casi total de la población del planeta, del recalentamiento estratosférico y de un local que había encontrado con transistores de radio en perfecto estado a pesar de los 5000 años de antigüedad.
Saulo movió el mostacho cuando el gigante contó lo que ya sabemos, cómo había perdido el corazón, devorado por un mundo de lujuria luego de diez años de vida abandonada en un puerto adonde llegaban balleneros en busca de mujeres colosales. Atendió un mostrador, se enamoró dos veces al mismo tiempo y fue traicionado dos veces. Cuando quiso volver a la nave, ya era tarde y no quedaban rastros.
Estaba tan contento del reencuentro que empezó a cantar una canción alternando con su armónica. Saulo golpeaba una cuchara contra la mesa y su esposa ponía rosas en los floreros y vaciaba las torteras. En un momento el gigante empezó a soplar y cantar al mismo tiempo:

Soy un soñador
y ese es mi problema

Todo lo que veo no es real
porque soy un soñador

hey hey

Nunca tengo tiempo
y nunca lo entenderás

A veces desaparezco
para pasar el rato

Hey hey

Soy un soñador
Y ese es mi problema

Volvimos a bajar por la escalerita hasta la ciudad de abajo y cuando llegamos a la nave, el capitán estaba tan concentrado en sus oraciones que no vio la sombra del gigante. Cuando lo vio le dio un susto tremendo, como si hubiera aparecido de entre los muertos, y seguramente así era, pero las reglas de la tripulación no permiten hacer ciertas preguntas. De todas maneras, la vuelta del gigante reavivó el optimismo perdido de todos rumbo a Catedral.
El capitán colgó el almanaque de Venus en la puerta del camarote y allí quedó, hasta que Simone, la nave, fue a parar a un cementerio de platos voladores cientos de años después.

Wednesday, March 30, 2011

2. Llegando a la ciudad de arriba

...hora de bajar a tierra. Y aunque la nave es capaz de resistir imperturbable el embate de las tormentas inmóvil como una piedra suspendida, el capitán debe hacer sus oraciones sobre terreno firme, según consta en su manual.

Luego de bajar, yo estaba debajo de la nave en flotación para guarecerme cuando decidí dar una vuelta. El terreno allí era tan plano como una lápida. De tanto en tanto rompía la monotonía algún árbol gigante de copa esférica. Continuamente dejaban caer unas hojas tornasoladas de increíbles refucilos al dar una y otra vuelta en su camino interminable hasta el piso de piedra blanca, veteada de azules ultramar y esporádicos nudos naranjas, como ojos que indicaban, en su lacónico mirar, una camino en zig zag que se perdía entre montículos de pétalos y polen. A lo lejos, unos arbustos cúbicos y progresivamente grandiosos se recortaban, los más grandes, como edificios oscuros que protegían las ganaderías del lugar ofreciendo vivienda a unos pájaros plateados e insomnes que cantaban desde las remotas espesuras.

Seguí las indicaciones de unos letreros que anunciaban una ciudad y su reflejo. Marché, alegre de corazón, pensando en la posibilidad de cruzar, definitivamente, al otro lado de un espejo y perderme en la melancolía de una atmósfera acuosa y deformante.
Como a los dos días, vi una formación alta y alargada sobre el horizonte, en forma de huso, sostenida por delgadas columnas según pude percibir a medida que me acercaba. Yo pensaba en las virtudes de las cosas que sostienen a las otras, en las delicadas estructuras que hacen posibles los mundos con sus pesadas geografías, en el vuelo de las moscas que aseguran la órbita de los planetas más lejanos con su estúpido volar, en fin, esa relación entre los grandes y los pequeños procesos.
Las delgadas columnas sostenían al reflejo allá arriba. Unos diminutos escalones ascendían en helicoides hasta allí. Sin la presencia de vidrio alguno entre las dos, algo que me desilusionó un poco, la ciudad de abajo se reproducía arriba con una perfección tal que incluia algunas excepciones, según pude comprobar con unos telescopios puestos a esos efectos.

En las afueras de la ciudad conversé con unos mecánicos de las órbitas celestes. Acodados contra unas máquinas oscuras y aceitadas, los hombres me contaron que las cosas ya no eran como antes. Los repuestos tenían cada vez menos vida útil. Las órbitas planetarias fallaban tanto que podían permanecer, durante años luz, esperando un rulemán para reparar los recorridos. El sistema estaba a punto de colapsar y el cielo de la noche corría el riesgo de virar al blanco. Revisé de nuevo entre mis recuerdos y les expliqué, con dibujos aéreos tridimensionales, las posibilidades aleatorias de los comportamientos moleculares, la imposibilidad de modificar los procesos microscópicos por los cuales, por ejemplo,  los ojos se llenan de lágrimas frente a determinados gases vegetales.
Aunque no sabía adónde quería llegar yo con todo aquello, quería seguir adelante con mi razonamiento, pero nos invadió una nube de burbujas azules y ya no pude seguir hablando. En cada burbuja podía ver la representación del alma colectiva de esas gentes y me sentí un poco cansado. A la hora de marcharme, uno de los mecánicos me regaló un almanaque con una bella ejemplar de Venus, que conservé para regalar al capitán, tan dado a la mitología.

Wednesday, March 23, 2011

1. La traición de las mujeres gigantes

Tan solo munido de su harmónica, el gigante dio placer a las dos gigantas por espacio de diez años cuidando de ellas con el primor que merecían. Las dos muchachas, buenas de corazón, vivían en un pequeño puerto adonde llegaban los balleneros.
Todo iba bien hasta que, una noche, la giganta trigueña partió sin despedirse, guiada por un lejano llamado debajo de las aguas. Un cachalote la llamaba con melodías que duraban días enteros.
Hechizada por el canto, la giganta nadó desmesuradamente partiendo las aguas con su busto colosal. Bajo una noche sin luna los amantes resoplaron hasta el amanecer mientras el gigante se daba la cabeza contra las paredes lamentando su condición de hombre sin aletas, su incapacidad para escupir un chorro semejante, para sumergirse en la profundidad y volver a aparecer, por sorpresa, rodeando a su amante con la cola bífida y enhiesta capaz de partir un transatlántico al medio. Y yo aquí, decía, revolviendo esta tacita de té. Y la otra giganta, que era más buena, le hacia masajes en los pies, como alentando su condicion terrestre.
El gigante se inició en el camino de las infusiones adictivas, de los bizcochos de anís y del ajedrez contra la computadora. Qué vida miserable, pensaba, menos mal que me queda la otra. Así pasó años intentando olvidar la traición y olvidar a la trigueña, que habia decidido quedarse, por lo menos un buen rato, en las islas que enfrentaban la pequeña bahía donde alternaba su vida al aire libre con los placeres profundos.
Lo peor vino después, cuando la giganta rubia también se fue, no con el cachalote sino con una tripulacion entera de balleneros que llegaban en busca del aceite que enciende las lámparas en las noches del mundo. El gigante no pudo resistirlo y cayó en tan honda desazón que estuvo años sin moverse detrás del mostrador, sin dormir un día, sin dejar de beber, de reír groseramente y salir del baño sin lavarse las manos.
Un día volvió al lugar donde vio a nuestra nave por ultima vez, pero ya nos habíamos ido todos. Y así se fue quedando, quedando, hasta que un día empezó a caminar como al descuido tocando la harmónica. En el camino le dio como un ahogo y se desvaneció.
Cuando despertó, vio una ciudad que lo miraba desde el cielo.

Tuesday, March 15, 2011

el miedo y la luna

Somos luz en la tarde y avanzamos
al centro de la tierra
a devolverle su piedra de esmeralda.

Si te asustas las grullas volarán
y tarda tanto la vuelta.

Hay veces que nos volvemos todo ojos
todo ojos que nos miran para adentro
todo oídos que escuchan para adentro
un eco y unas sombras dibujadas
por enemigos en sueños.
Y todo será puesto delante
después de tantos viajes
de tu corazón
de lo que vio y oyó
cuando ni hablaban las estrellas.

Pero alisarás el miedo al tocarlo
al abrir sin esfuerzo su oxidada tenaza.

Y todo lo que hay no alcanzará
para tu medida, ese cuenco
donde bebe el mundo
donde encuentra su perdón de mundo.

Voy a tallar la piedra con los dedos
e imprimir el aire cantándote
un camino de piedras lisas
entre mar y acantilado.

Voy a tallar bancos con los dedos
y viviendas y patios y refugios
desde donde mirar todo.

Y acaso un ciervo te paste
y mueva las orejas cuando escuche
un trueno a la distancia
y estires la mano
y caiga la primera gota.

Toda excepción no es castigo.
Debes conquistar ahora.
No hay límite entre tu cuerpo y el espacio.
Todo es pliegue que ríe y llora.

Sunday, March 6, 2011

paul is not dead

Paul McCartney está sentado en el living de su mansión en los alrededores de Londres descansando de una gira. Está recostado en el Luis XXX, los dos pies en la butaquita con flecos mirando un concierto de Led Zeppelin.
Se aburre, se rasca el higo.
Cambia a Discovery, un programa sobre la vida de los puffins, esos pájaros de las Hébridas que parecen pingüinos que vuelan.

De pronto se abren las dos hojas de una puerta tapizada en dorado y verde y aparece una mujer, que lo mira seria, sin expresión y que se va por donde vuelve y sin darse vuelta, ahora sí, con fastidio. Está buena la vieja, se mantiene.

Paul McCartney se sigue rascando el higo, después se huele los dedos, se levanta y mira por la bow window. Es la tarde avanzada, hay claridad, porque el sol está en el cielo, pero tapado por las nubes negras y bajas, como borrones.
Se posa un cuervo en la chimenea de una casa al fondo del paisaje. El césped verde, casi azul, se pierde a la distancia y termina contra el bosque tupido. Entonces, no sabemos por qué, algo lo inquieta a Paul, parece ver algo inusual a lo lejos.

Se queda un rato quieto con la mirada en ese punto. Luego se va tranquilizando como si eso no revistiera importancia.

Camina unos pasos, abre una puerta chica y avanza por un corredor ancho y bajo. Baja una escalera del mismo ancho que desemboca en una puerta gigante y acolchada, la empuja y entra a una monumental sala de estudio, sala de grabación, etc.
En una pared iluminada están las 27 guitarras de distintos tamaños y colores y, obviamente, distintos sonidos. Agarra una. El panel de los 38 bajos está apagado.
En el momento en que retira la guitarra del pedestal se apaga la dicroica correspondiente y al panel de guitarras le queda una mancha oscura y alargada, abajo a la derecha.

Se sienta en el taburete bajo, baja el micrófono a la altura de las cuerdas, se pone los auriculares y acomoda el otro micrófono pegado a la boca.
Hace una seña y una silueta, atrás de unos vidrios, levanta los pulgares. Paul Mc Cartney empieza a cantar yesterday, all my troubles seemed so far away...

Se interrumpe.

¿Qué pasó? pregunta por el micrófono

El operador le dice que cuando dice away parece que dijera Hawaii, que suena mal.

Gracias, dice Paul y empieza de nuevo.

Pero cuando llega a la parte donde dice there’s a shadow hanging over me... hace un gallo y se le quiebra la voz. Entonces apoya la frente en el canto de la guitarra y se queda en silencio, en ese silencio inconmensurable de los estudios de grabación.
El operador se va reclinando en la silla y cuando llega al respaldo se pone a responder, en la oscuridad, mensajes en su blackberry de plata. Después retoma el tube porno que estaba viendo antes de la llegada de Paul.

Paul ya se ha levantado y ya está caminando fuera del estudio mientras va diciendo en voz alta, moviendo la cabeza:

Oh I’m sorry Ed, I’m so sorry

Ed no contesta y después que comprueba que Paul no volverá, apaga y desconecta todo.
Antes de agarrar el saco, se cuadra, hace una venia y dice:

You are too honest for such funny games...

Lo dice imitando la voz de Benny Hill en aquel personaje con la gorra hasta las cejas y la lengua para afuera que hacía la venia.

Paul sube la escalera y cuando llega arriba se ha olvidado de todo, como se olvida uno de un sueño al despertar.
Vuelve al living y vuelve a sentarse en el Luis XXX, vuelve a poner los pies en el banquito y vuelve a agarrar el control.
Pero antes de apretar nada se abre la puerta doble, tapizada de verde y dorado, y en lugar de entrar la veterana entra una pendeja, igualita a la vieja pero pendeja, seguramente la hija. Viene mirando su blackberry rubí con incrustaciones de estrellas de diamantes.
Le dice que tiene mensajes nuevos. Son los mensajes que dejó pasar su implacable filtro de productora ejecutiva. La productora de Paul McCartney es conocida en el business como PP (Paul’s Pussycat)

PP le lee:

La hija de Harrison que volvió a insistir, que la tercera llama al abogado.

La asociación de ufólogos de Inglaterra que le agradece la última donación.

Enésimo mensaje de PID.

PID es la organización conocida como Paul is Dead, que desde hace décadas lleva adelante una movilización para desenmascarar al impostor que suplanta a Paul Mc Cartney, ya que el verdadero Paul murió hace también décadas. Como siempre, son sólo insultos, pero PP se los lee porque Paul le dijo que siempre le pasara los mensajes de PID.

El útimo es de Yoko. Dice que No more lonely nights es un plagio de Imagine. Que te va cagar de verde por boludo.

¿Qué pasó con Ringo? Le dice Paul

Sí, le dice PP, bueno no, de nuevo dijo que no, que no puede, que capaz que el año que viene. Y levanta los hombros y suspira y gira y se va moviendo el culo y ondulando su preciosa cola de leoparda.

Paul también suspira y se pone a mirar por la bow window. Pero de pronto algo lo inquieta de nuevo, lo mismo que la vez pasada. Ahora se convence de que eso no es normal, porque en un momento abre el ventanal que da al jardín y sale corriendo mientras se escuchan los gritos perderse a lo lejos: “Stop, please, stop!!!”

Saturday, March 5, 2011

Las naves interplanetarias


Vamos a narrar un poco acerca de las naves interplanetarias, que los científicos ignoran o ponen en tela de juicio, haciendo dudar a la Humanidad de la existencia de tales naves.
    Las naves interplanetarias se mueven todas con energía solar. Son de un material que aquí no lo hay, que está contra las balas y contra todo; son enterizas, no tienen soldadura, pegues o remaches y se conducen por medio de botones.
    Llevan dos tubos horizontales de un material que no existe en este planeta, liviano, muy parecido al aluminio pero más brillante y más resistente. Esos tubos atraviesan la nave desde adelante hacia atrás. Por delante, que es por donde entra la energía solar y por detrás, sale la energía quemada, que son las colas de fuego que van dejando las naves por donde pasan.
    No son todas redondas porque hay un modelo alargado, en forma de tabaco, capaz de transportar cientos de personas. Entonces, todas no tienen el mismo modelo ni el mismo tamaño. Estos son los vehículos de transporte de los demás planetas.
    La tripulación de estas naves se comunica unas a otras telepáticamente, sin necesidad de teléfonos ni televisión ni nada de esas cosas por el estilo. Tienen todas sus facultades despiertas.
    Cualquier terrícola de estos que rebuznan tan duro, como los señores gringos y demás potencias, que creen que son los únicos que saben, ¿qué hacen estos pobres ignorantes, sin conocer verdaderamente las maravillas que existen en otros planetas?
    Las naves interplanetarias de los extraterrestres están listas, preparadas ya para salir a rescatar a todas aquellas personas que estén trabajando con la fórmula que en este libro se da. Ellos saben, no hay necesidad de llamarlos porque nos conocen por dentro y por fuera. En las naves será el rescate, cuando llegue el momento. Son muy pocos, contados con los dedos de las manos los que van a lograrlo, porque nadie quiere trabajar sino todo lo llevan a la mente y de la mente salen las teorías, que es el mismo ego que las saca, y aquí necesitamos hechos: empezar una vez el trabajo que tenemos que hacer.
    Hago esta narración con el fin de que todo el mundo sepa de una vez la verdad, que no somos los únicos habitantes de nuestro sistema solar y nuestra galaxia sino que somos lo más inferior, porque aquellos países que se creen las grandes potencias, que lo saben todo, con sus hechos están demostrando lo contrario. Con las atrocidades que están cometiendo contra ellos mismos y contra los demás, se demuestra la calidad de humanidad que somos. Que no me vengan a echar esos cuentos que se inventan ellos, que yo sí conozco.
    Por eso escribo este libro, para que vea la Humanidad cómo la tiene envuelta en puras mentiras y amenazas, los señores gringos y los señores científicos. Esto que digo lo sostengo todo el tiempo y si me toca morir por sostener la verdad, muero.


(Tomado de Hercólubus o planeta rojo de V.M. Rabolú, Mvd: Artemisa, 2000)


Próximamente:
"La vida en Venus"
"La vida en Marte"