Wednesday, May 22, 2013
Monday, May 20, 2013
Thursday, May 9, 2013
collar 1
En las últimas semanas,
Isabel la peruana se volvió difícil y yo no sentía nada, o casi nada, por ella.
En realidad se había vuelto difícil por eso mismo. No sé por qué estuve
saliendo después, no sé en qué estuve pensando, no sé por qué no decido las
cosas en el momento.
Por no escucharla gritar en
el celular le dije que sí, que nos veíamos en el sushi place a la salida de
Rahway. Yo odio el sushi y todos los rolls, y el pescado crudo y la salsa de
soja y el picante ese, que hace estornudar. Odio todos esos clientes de camisas
apretadas. Odio sus conversaciones a media voz y sus medias luces. Ella quería
juntarnos ahí seguramente para que yo no me desubicara, porque si hubiera sido
en un parking sabía que le daba vuelta la cara.
Igual, apenas me senté le
arruiné todo. Le dije que era una pituca y le expliqué lo que era, que en
realidad quería ser pituca, porque las pitucas de verdad no vivían en la concha
de la madre como ella, sino en Lima y cuando querían viajaban. Que se hacía la
liberada pero que era una traumada (hacía tiempo que no usaba esa palabra, a lo
mejor ya no se usaba). Se lo decía todo junto para terminar de una vez, antes
de que el mozo viniera a levantar el pedido, no quería estar ahí y no me iba a
sacar la gorra.
Ella se sintió insultada y
empezó a levantarse para irse. Fue entonces que le pedí perdón, falsamente, y
empecé a sacarme la campera, pero ella ya había empujado la puerta y salía a la
calle hecha una tromba mientras los japoneses del mostrador cortaban pescado
rojo.
La alcancé
en la vereda antes de llegar al auto. La agarré de un brazo y le di un beso
desagradable, más bien lo intenté. Entonces nos fuimos a las manos y después,
para desaparecer de la vista de todos, nos fuimos manoteando entre mis intentos
de besarla y los cachetazos de ella, hacia el alley, donde estaba el auto de
ella. Yo me ponía adelante para que ella no pudiera avanzar.
Nos pegamos de nuevo contra
la puerta del auto, yo intenté besarla de nuevo. En ese momento se abrió la
puerta del sushi y salió el japonés. Como seguramente iba a llamar a la
policía, me separé y empecé a caminar lentamente hacia el otro lado, hacia mi
auto, adelantando mentalmente mis próximos pasos. Me cerré la campera, me
ajusté la gorra y saqué los cigarros simulando tranquilidad.
Cuando el japonés cerró la
puerta, seguí caminando sin prender el cigarro, no corrí a mi auto, y sin mirar
atrás escuché que el auto de Isabel arrancaba haciendo sonar las ruedas hacia
la salida 13, obviamente provocándome. Yo no hice sonar las ruedas, pero a la
cuadra pasé el límite de velocidad.
Isabel sabía que estaba
siguiéndola, iba por el primer carril y pasando por la derecha.
No tuve que insultarla así, aunque
en realidad tampoco fue tanto insulto, ni siquiera sabía lo que quería decir
“pituca”. Pero tampoco podíamos quedarnos así, teníamos que terminar bien, por
lo menos como amigos.
Volvió a salir en la 17 para
la casa de ella, lo cual era buena señal, porque vive sola. En realidad vive
con unas amigas, pero se van por el fin de semana para no sé dónde. La alcancé
entrando al porche.
Aunque nos habíamos gritado
todo el tiempo, ahora, entre vecinos, ella no quería gritar, y yo nunca grito.
Entonces empezó a hablarme, susurrando con una frialdad ridícula, aferrándose a
una calma minúscula como de un clavo ardiendo, reprimiendo su furia en el
silencio sepulcral de la noche del suburbio. Pero yo quería hacerla explotar.
Quedé fuera del porche y
ella adentro, ella unos escalones arriba, dándome la espalda, paralizada de ira.
Subí los tres escalones de una y le agarre una muñeca y ella la sacó
violentamente. Luego abrió las dos manos, como advirtiéndome, y las dejó así,
quietas, duras como hojas de palmera. Sin darse vuelta, en un susurro agudo y
desesperado, me dijo: “¡Por favor, vete ya!”.
Pero no me importaba nada de
lo que decía, no me importaba el lloriqueo, ese lloriqueo de siempre. Y cuanto
menos me importaba su desesperación, más me gustaba la situación, porque sabía
que iba a pasar algo más, algo grande, algo fuera de control.
Se dio vuelta y me miró con
esos ojos grandes y azules, porque era peruana pero parecía gringa. Entonces me
fue a decir algo, pero se contuvo. Sólo levantó las dos manos, que seguían
abiertas como palmeras, amenazantes, y se quedó muda mirándome con los ojos
vidriosos.
Me distraje mirando el
porche. Había un sofá viejo y una mecedora al lado con la esterilla rota.
Contra la baranda, en la otra punta, unas muñecas me llamaron la atención,
porque Isabel nunca me había dicho que en la casa vivieran niñas. También había
unas botellas vacías de Corona. Le pregunté quién las había tomado. Se dio
cuenta de que no le prestaba atención.
“No es asunto... tuyo”, me
dijo con el mismo susurro, con el mismo lloriqueo, con las mismas manos abiertas.
No le pregunté quién había
tomado las cervezas. Yo no sospechaba de ella, que estuviera viendo a otro
tipo, sólo tuve curiosidad porque era un lindo porche, de casa de pueblo vieja,
y nos imaginaba a los dos tomando cerveza en el sofá mirando la calle en esa
noche.
“¿No querés tomar unas
cervezas, acá en el porche, conmigo?”, le pregunté. Pero dio vuelta los ojos y
se metió en la casa. Yo me fui atrás.
Cuando subí la escalera,
apretada y empinada, vi una pierna de Isabel que desapareció por un costado del
primer piso. Luego sonaron las llaves cayendo en una mesa y maulló un gato.
Después sólo escuché el
crujido de los pies suyos en el piso de madera que se metían en el apartamento
y a medida que se perdían iba escuchando el golpe de los míos subiendo la
escalera.
Al entrar al apartamento
sentí en la cara el aire quieto y encerrado.
Más se alejaba Isabel de mí
y más me gustaba. Me gustaba cómo se iba metiendo en la casa, como huía para
adentro de ella misma. En ningún momento me decía que me fuera.
Fue al baño y la seguí. Me
miró extrañada, como si pensara que me fuera a quedar esperándola en el living
como un pelotudo acariciando al gato.
Salió sin haber hecho nada y
al pasar rozándome la agarré de un brazo y le di otro beso, obscenamente. Ella
me pegó fuerte en la cara y ahí sí, yo le di vuelta la cara a ella.
No fue con el puño
exactamente, fue un cachetazo con la mano abierta y dura, que la empujó dos,
tres pasos atrás. Le pegué de nuevo con el revés y la tiré en el sofá, el gato
saltó a la mesa.
Cayó de espaldas, asustada.
Era la primera vez que dejaba de simular desde que salimos del puto sushi.
Tenía el labio de arriba levantado, porque empezaba a gozar.
Me pegaba a toda velocidad,
me arañaba la cara y el pecho y me sacó sangre. Yo me iba abriendo la bragueta.
Y me la clavé ahí, mientras
le sopapeaba la cara para un lado y para el otro, la mano dura como una madera.
Ella ni siquiera gritaba, apenas decía bajito: “no, no...”.
Mientras me la clavaba veía
la tele a lo lejos, en el cuarto de ella, que estaba prendida y sin volumen: El
Gordo y La Flaca tomaban champagne en una piscina de espuma.
Saturday, April 27, 2013
Saturday, April 20, 2013
pequeña odisea en el espacio
1. Blues de medio
mundo (Delgado-Secco)
2. Larguen a los
lobos (Darnielle-Delgado-Secco)
3. Eterna muerte
del faraón (Delgado-Secco)
4. El sicario de
los celos (Delgado-Secco)
5. Himno a Cero
(Delgado)
6. Entropía urbana
(Secco)
7. Muerte y vida
de las grandes ciudades (Delgado-Secco)
8. Pena capital
(cómic romano) (Delgado-Secco)
9. Blues del otro
medio mundo (Delgado-Secco)
10. El libro y el
mono (Delgado-Secco)
Tuesday, April 16, 2013
Bienvenidos a Villa Estúpida
Bienvenidos a la alergia
Bienvenidos a los cambios de estación 24/365
Bienvenidos
al reflujo
Bienvenidos
al colon irritable
Bienvenidos
al whisky con asado
Bienvenidos al frío y al calor al mismo tiempo
Bienvenidos a esta humedad de lavadero
Bienvenidos al lavadero
Bienvenidos alprazolan y aceprax
Bienvenidos
precios del primer mundo
Bienvenidos
sueldos del submundo
Bienvenida
señorita abyección
Bienvenida
a la pedofilia
Bienvenidos
los asmáticos
Bienvenidos
al racismo
Bienvenidos
al bodrio
Bienvenidos
a los ómnibus chinos
Bienvenidas las almas errantes del 137
Bienvenido Bob
Bienvenida
Coca lái
Bienvenidos
los que no cocinan nunca
Bienvenidos
hurgadores del mundo: a clasificar!
Bienvenido
SUAT
Bienvenido
supergás
Bienvenidos al olor a gas
Bienvenidos
los fines de semana largos
Bienvenidos
los paros perlados
los
escalonados y los sorpresivos
Bienvenida la luz cenital
Bienvenida la luz cenital
Bienvenido
el exceso de velocidad
Bienvenidas
las almas errantes del 137
Bienvenidas
a los siniestros
Bienvenidos haitianos a la tierra prometida
Bienvenidos a los parques abandonados
Bienvenidos al fraude
Bienvenidos a la falsa modestia
Bienvenidos haitianos a la tierra prometida
Bienvenidos a los parques abandonados
Bienvenidos al fraude
Bienvenidos a la falsa modestia
Bienvenidos
a la humedad de cimiento
Bienvenidos
a las graseras
Bienvenidos
a las bolsas de supermercado
Bienvenidos
a los envases que abren mal
Bienvenidos
los pobres de espíritu
Bienvenidos
los que no tienen nada que decir
Bienvenidos
los que reclaman por la espalda
Bienvenidos
los que escupen en la calle
Bienvenidos
los que escupen contra el árbol
Bienvenida
la tortuga con salame con bandeja y nailon
Bienvenidos
usureros que se llaman Cash
Bienvenidos
a la usura en 18
Bienvenidos
a tarjeta Abitab
Bienvenidos
a Groupon
Bienvenido el sushi de Groupon
Bienvenidos
a la gripe sin fiebre
Bienvenidos
al taxi con mampara
Bienvenidos
a la radio en el bondi
Bienvenidos al fracaso
Bienvenidos al fracaso
Bienvenidos a las casas vacías
Bienvenidos
a las puertas vencidas
Bienvenidos
al queso dambo
Bienvenidos
al falso pan
Bienvenidos
a los productos vencidos
Bienvenidos a la presión alta (la baja)
Bienvenidos a los triglicéridos (altos)
Bienvenidos al pan con grasa
Bienvenidos a los manicomios
Bienvenidos a la presión alta (la baja)
Bienvenidos a los triglicéridos (altos)
Bienvenidos al pan con grasa
Bienvenidos a los manicomios
Bienvenidos chupaortos
Bienvenidos cagones del mundo
Bienvenidos grandes pajeros, ustedes también
Bienvenidos a la antimateria
Bienvenidos al antiespíritu
Bienvenidos a la decepción
Sunday, April 14, 2013
Wednesday, April 3, 2013
Lomo de Burro presenta
Textos leídos sin
amplificación dialogan con sonidos emitidos por parlantes y se adaptan al
entorno acústico del lugar. Es un trío sonoro conformado por la voz del lector,
los parlantes y el recinto que responde con su acústica. En esta
convivencia, texto y sonido adquieren nuevos significados y el lugar se
transforma en un espacio sonoro poético inmersivo.
La experiencia
acusmática se liga al sitio, da otro sentido a la presencia del público. Cada
representación depende de una arquitectura, de una acústica y de una conexión
libre entre texto y sonido, los que huyen de todo estereotipo al revelar
aspectos inadvertidos de lo cotidiano.
Los sonidos han
sido creados para interactuar con los textos. En algunos casos son
transformaciones de textos grabados, en otros de paisajes sonoros transformados
o bien sonidos puramente sintéticos. El resultado sonoro definitivo se va
moldeando durante la performance a la manera de una obra abierta.
LEANDRO DELGADO
(textos)
LEONARDO SECCO
(sonidos)
Dadas las características de este acontecimiento no se
permiten fotos
ni la entrada a la sala pasados los cinco minutos
iniciales.
Monday, March 25, 2013
No saber que trama
el hambre inmenso como la noche, tan absurdo e insaciable
CORAZONES ROTOS
el asador será devorado convenientemente
por la Ley de la Vorágine
cirugía plástica a plazo fijo
marketing brilloso
baba pobre
lleve todo lo que pueda su Esfinge
piel, espléndida y sonrisas.
Plegaria por pasar de la cantidad a la calidad
de la calidad a la caridad
a la paz y al sol
la caricia del alma.
Aplaca la Vorágine
de asir las fauces a la Luna
aullando incandescentes martirios.
Belvedere
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